El Congreso de los Diputados aprobaba una ley para declarar nulas las sentencias aplicadas por tribunales durante la Guerra Civil. En suma, se reconoce la “ilegitimidad y nulidad del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, el Tribunal de Orden Público, así como los Tribunales de Responsabilidades Políticas y Consejos de Guerra constituidos por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa”. Esta moción pretende modificar, una vez logre pasar todos los trámites parlamentarios, el apartado 3 de la Ley de Memoria Histórica (2007). Para proceder a ello ha contado con los votos favorables de todos los partidos, 174 votos, menos del PP y Ciudadanos, el primero la rechazaba y el segundo se abstenía.

Lástima que el encargado de defender esta moción haya sido el diputado Jordi Xuclà, del PDeCAT, puesto que con lo que está cayendo algunos consideraran que ello es una manera de desviar la atención respecto a lo que está sucediendo en Cataluña. La respuesta de aquellos partidos que se han negado a apoyar esta moción ha sido justificada de forma dispar. Para el portavoz del PP carece de “rigor jurídico” y reprobaba al PDeCAT de querer meter al Congreso en “el túnel del tiempo de la Guerra Civil”. Consideró que la ley de memoria histórica se podía dar por cumplida. Pero aprovechó para criticar que tenía poco sentido que el PDeCAT se movilice por algo acaecido hace 80 años y paralice lo que “sucederá mañana”, aludiendo al hecho de que se ha desmarcado de la comisión que debatirá la reforma autonómica. Para el portavoz de Ciudadanos, José Manuel Villegas, la prioridad es mirar al futuro y no al pasado. Y advertía que esta medida puede crear una inseguridad jurídica.

La verdad es que nos encontramos, de nuevo, en una situación compleja de juzgar. En primer lugar, ¿por qué ahora?. En segundo lugar, ¿se ha analizado de forma contundente lo que implicará la moción? En España, a veces, nos da la impresión de que ciertas medidas legislativas se desarrollan ad oc, según los intereses de la coyuntura. No digo, con ello, que el PDeCAT no tenga razones fundadas, que las hay, para liderar la causa de la reparación de aquellos que sufrieron las iras de la represión, pero que sea precisamente, en el particular, resulta llamativo. Bien es verdad que las aseveraciones de que hay que mirar al futuro y no al pasado son, en mi opinión, una contradicción de envergadura tanto para el PP como para Ciudadanos. El pasado está siempre juzgándose y no podemos ignorarlo ni minusvalorarlo.

Ahora mismo, la defensa de España se ha construido desde la tradición y desde los acuerdos de la Transición, y desde los fundamentos de una realidad histórica común. Por lo tanto, es el pasado lo que justifica el presente. Ahora bien, el tema de la Guerra Civil ha servido en un debate como arma arrojadiza. Representada, equívocamente, por los buenos, las izquierdas y los partidos nacionalistas, que defendieron la República, frente a los malos, las derechas, que impusieron el franquismo. La identificación de unos y de otros con los partidos actuales de los que son herederos es recurrente. Pero no es cierta, no se puede trasponer sin más. Señalaré siempre que el gran error del PP es no haberse querido enfrentar a ese pasado por lo incómodo que le resulta, lo cual ha dado pie a que muchos lo identifiquen con los valores del franquismo. Las declaraciones de algunos de sus líderes no han hecho sino subrayar dicha impresión al minusvalorar la labor de las asociaciones de recuperación de la memoria histórica y de la necesidad de proteger o, al menos, no menospreciar a las víctimas achacándoles un interés económico en todo esto y no moral ni humano. La moción, en todo caso, es lícita y necesaria. Pero lo que nunca se nos explica qué consecuencias tendrá. Si va a ayudar a las víctimas o si va a derivar en colapsar más la justicia con nuevas denuncias o pleitos. Si fuera así, de forma ordenada se tendrían que habilitar mecanismos para que ello pudiera ser resuelto de acuerdo con los recursos con los que contamos. Porque mirar el futuro es importante, tanto como el asumir el pasado. Puesto que lo que comprobamos es lo negativo de ver como se cuece poco a poco una memoria fraudulenta que puede provocar un falso victimismo.

El atender o, por lo menos, asumir la parte que nos corresponde a todos, incluido el PP, sobre las causas y consecuencias de la Guerra Civil es necesario. Por de pronto, es muy hipócrita que el portavoz popular afirme que la ley de memoria histórica es ya suficiente cuando se negaron a aprobarla y la vació de presupuesto para llevarla a efecto. Tristemente, también es verdad, este capítulo del pasado se utiliza para ciertos fines particulares y no para realmente encarar con garantías una memoria integral y restauradora, capaz de no caer en la subjetividad de identificar los actores del pasado con el presente inmediato, ni incidir en que todavía sigue habiendo bandos enfrentados. La guerra fue atroz, brutal y despiadada, la posterior posguerra fue una política de la venganza inusitada, negar eso es no asumir lo que somos como país. Ahora toca recomponer tales pesadillas, sabiendo que vivimos en una democracia plena y que nuestra responsabilidad no es esconder nuestra historia debajo de la alfombra y dejar que todo ello sea materia de biblioteca, sino de confrontar con la verdad. A pesar de todo lo que se ha escrito, de todos los avances historiográficos que se han logrado desde los años 70 hasta hoy sobre el modo de entender y valorar lo sucedido, la memoria política y social está lejos de haberse aposentado del todo, por su falta de coherencia, adecuación y entidad. Es como si cada vez que saliera a colación este tema la polarización volviera a resurgir sin entender que no es tema personal sino compartido como herederos de un ayer que nos debería avergonzar a todos y, al mismo tiempo, ayudar a instituir unos principios de convivencia y respeto mucho mejores que los que entonces se rompieron.

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